¿Le faltan defensas a mi hijo?
La Unidad de Pediatría del Hospital Internacional Medimar sigue la evolución de tu hijo en todo momento.
Dr. Miguel Muñoz. Unidad de Pediatría del Hospital Internacional Medimar
El niño propenso a la infección sigue siendo uno de los motivos más frecuentes de preocupación por parte de los padres, que se preguntan si no estarán sus hijos bajos de defensas.
Suelen ser niños sanos, que sólo tienen un problema de inmadurez en su sistema defensivo, que es normal y que se corregirá con el tiempo.
El recién nacido tiene las inmunoglobulinas que le ha proporcionado la madre a través de la placenta, pero su vida media es corta y a los pocos
meses el lactante debe empezar a producirlas por sí mismo, lo que va a costar unos 4-5 años.
Además, la incorporación de la mujer al mercado de trabajo ha propiciado que los niños vayan de manera precoz a las guarderías.
La conjunción de estos dos hechos, explicaría por qué muchos niños enferman con frecuencia.
En muchas ocasiones, lo que se refiere como un proceso que durasemanas o meses, no es en realidad más que una sucesión de distintas infecciones. En los 2-3 primeros años de vida se considera normal que sufran 8-10 al año.
Generalmente se trata de procesos más o menos banales (infecciones respiratorias altas, diarreas, etc.) sin repercusión en el desarrollo.
Por contra, cuando se trata de infecciones graves por gérmenes poco habituales que responden mal al tratamiento, que comienzan desde la etapa de recién nacido y que afectan al desarrollo podemos estar frente a una situación de inmunodefi ciencia, afortunadamente poco frecuente.
Dado que la mayoría de los procesos infecciosos en los primeros años de vida son de origen vírico, el tratamiento se limitará al empleo de medidas sintomáticas evitando el abuso de antibióticos.
Por el mismo motivo, no tiene sentido aplicarles vacunas bacterianas anticatarrales y la vacuna antigripal sólo protege de la gripe.
Parecería lógico administrar a estos niños inmunoglobulinas (las populares "defensas"), ya que mejorarían sus niveles un poco precarios.
Sin embargo, es una práctica traumática, puede interferir con la adecuada respuesta a las vacunas del calendario infantil y producir reacciones alérgicas por sensibilización.
Tampoco se ha podido demostrar la efi cacia de ciertos productos que se nos ofrecen como estimuladores de las defensas.
En conclusión, no existe ninguna panacea que evite estas infecciones de repetición.
Seguramente la Naturaleza lo ha ideado así para que madure el sistema inmunológico.